Cuando las familias enseñan la escuela aprende

Jul 1, 2026

Nuestro proyecto sobre las migraciones tuvo un cierre muy especial: un encuentro en el que las familias se convirtieron en protagonistas y compartieron aquello que ningún libro de historia puede contar por sí solo: sus propias experiencias, recuerdos y relatos.

Aprender la migración desde múltiples miradas

Durante varias semanas, los alumnos exploraron el fenómeno de las migraciones desde distintas perspectivas. Comenzaron diferenciando los conceptos de inmigrante y emigrante, reflexionando sobre las múltiples razones que pueden llevar a una persona o a una familia a dejar el lugar donde vive para comenzar una nueva vida en otro sitio.

Desde la historia argentina, nos detuvimos especialmente en las grandes corrientes migratorias que, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, llevaron a miles de españoles e italianos a cruzar el océano atraídos por la promesa de trabajo, progreso y nuevas oportunidades, en un contexto europeo atravesado por profundas crisis económicas y sociales. También abordamos otros movimientos migratorios más recientes, como las migraciones de países limítrofes hacia la Argentina y los desplazamientos internos desde las provincias hacia las grandes ciudades.

Las pinturas de Benito Quinquela Martín y Antonio Berni, junto con fotografías de época, fueron el punto de partida para una observación minuciosa. A través de ellas, los alumnos formularon preguntas, identificaron escenarios, reconstruyeron contextos históricos e imaginaron las experiencias de quienes emprendían esos viajes: ¿de dónde venían?, ¿cómo viajaban?, ¿qué esperanzas los impulsaban?, ¿con qué dificultades se encontraban al llegar?

Como parte de la propuesta, buscamos enriquecer esa mirada histórica acercándola a la experiencia de nuestra propia comunidad. La invitación fue volver la mirada hacia las historias familiares y descubrir que aquellos grandes procesos migratorios también están presentes en los relatos, los recuerdos y las vivencias que forman parte de la identidad de cada uno.

 Un libro para contar quiénes somos

Como producción final del proyecto, cada familia elaboró un libro-álbum, un formato que ya habíamos explorado durante el proyecto de Literatura a partir de la obra de la escritora e ilustradora argentina Isol. En sus libros, las imágenes y las palabras dialogan para contar historias familiares, dejando espacio para la imaginación, la memoria y las emociones.

Inspirados en esa propuesta, invitamos a las familias a construir un libro donde fotografías, dibujos, mapas, objetos, recetas y pequeños relatos convivieran para narrar una historia única: la de su propia familia.

Cada página se transformó en un espacio para recuperar recuerdos, hacer preguntas y descubrir que la historia también se escribe a partir de las vivencias cotidianas.

Investigar la propia historia

Uno de los momentos que más convocó a las familias fue la reconstrucción del árbol genealógico.

    ¿Quién era aquel bisabuelo que llegó desde Italia? ¿De qué pueblo de España había partido la familia? ¿Quién recordaba un nombre, una fecha o una anécdota?

    Entre llamadas, conversaciones y recuerdos compartidos, muchas familias volvieron a encontrarse con una parte de su historia que el tiempo y la distancia parecían haber dejado en silencio. Descubrieron que, aun mediando un océano y varias generaciones, existen hilos invisibles que siguen uniendo a las personas con sus raíces.

     

    Lo que viaja de generación en generación 

    Los libros-álbum también mostraron que migrar no significa dejar todo atrás.

    En sus páginas aparecieron fotografías que habían atravesado generaciones, recetas escritas de puño y letra por una abuela, canciones, objetos cargados de significado y pequeñas historias que, muchas veces, nunca habían sido contadas a los más chicos.

    Descubrimos que hay costumbres, sabores, palabras, formas de celebrar y maneras de encontrarse que viajan con las personas y continúan construyendo la identidad familiar, incluso cuando cambian los países, las ciudades o los idiomas.

     

    Un mensaje para el futuro 

    Quizá la propuesta más emotiva fue la invitación a que los padres grabaran un mensaje dirigido a sus hijos para que pudiera ser escuchado en el futuro.

    La consigna era sencilla y profunda al mismo tiempo: ¿qué costumbre, qué valor, qué ritual, qué recuerdo o qué forma de mirar el mundo les gustaría que sus hijos conservaran a lo largo de la vida?

    Más que un mensaje, fue una oportunidad para pensar qué queremos transmitir a las próximas generaciones y qué deseamos que siga acompañándolas, sin importar los caminos que recorran o los lugares donde vivan.

    Esta historia continuará…

      El tiempo del encuentro no alcanzó para recorrer todas las páginas de los libros-álbum ni para escuchar esos mensajes que cada familia preparó con tanto cariño. Y tal vez esa sea una de las mayores riquezas del proyecto: haber despertado el deseo de seguir conociendo las historias de quienes forman nuestra comunidad.

      Por eso, este trabajo no termina aquí. El próximo ciclo escolar volveremos a encontrarnos para abrir nuevamente esos libros, escuchar las voces de las familias y seguir descubriendo las historias que aún esperan ser contadas.

      Porque creemos que el conocimiento no se construye únicamente en los libros ni dentro del aula. Se construye cuando la escuela y las familias ponen sus historias en común; cuando la experiencia de unos enriquece el aprendizaje de otros; cuando la memoria familiar se convierte en patrimonio compartido y nos ayuda a comprender quiénes somos, de dónde venimos y cómo seguimos construyendo nuestra identidad.